Sofía es la mayor de dos hermanas. Por ello, actúa inconscientemente de forma protectora. Le gusta que quien la rodee se sienta seguro, la inseguridad en la gente le causa rechazo. Ha cambiado de gustos e inquietudes innumerables veces pero siempre ha tenido algo claro; su familia es el centro de todo. Comparte con sus padres cualquier ilusión o problema que ronda por su cabeza, sin miedo y sin vergüenza. Ve en ellos un ejemplo y se enorgullece de su confianza. Como quien cae desde cierta altura y encuentra una red, con su familia Sofía se siente segura.
Sus ojos verdes y su rizado pelo provocan que quien la mire vea a su madre reflejada. En cambio, quien la conoce profundamente sabe que es un vivo calco de su padre. El compromiso y la ambición la definen perfectamente. Su carácter responsable le ha jugado malas pasadas. Como tener todo bajo control es su única forma de estar tranquila, los nervios se apoderan de ella frecuentemente.
Su parte responsable no se refleja en el orden, es más bien desordenada. Su habitación, llena de fotos de cuando era niña y de recuerdos pegados a las paredes, nunca está recogida. La ropa encima de la cama no puede faltar, si todo estuviera en orden, no encontraría nada. Su gran cantidad de ropa muestra que es algo materialista, pero en compartir es la primera.
A su manía del desorden se añaden otras muchas… no soporta que alguien le lleve la contraria cuando cree que tiene razón, que le digan qué tiene que hacer o cómo tiene que actuar. Aún así, cuando no tiene ganas de nada, desea que le manden. No aguanta las mentiras pero sabe mentir con facilidad y si realmente hay algo que le pone muy nerviosa es que le hablen cuando no quiere escuchar. Los días que se levanta con el pie izquierdo es insoportable, solo sus verdaderos amigos la saben aguantar. A ella, eso le basta.
Admira a todo aquel que le diga las cosas sin tapujos. Aunque confía en ella misma, una dosis de realidad nunca le viene mal. Su capacidad, o mejor dicho, incapacidad para dejar de pensar provoca que Sofía quiera estar en todas partes, poner la mente en blanco es para ella algo absurdo. Quiere saberlo todo y aunque intente no prestar atención, su mente funciona sola, no sabe desconectar. Recuerda que en el colegio no paraba de conversar con su compañera de clase, los profesores se quejaban en repetidas ocasiones de ello, pero en cuanto le preguntaban por sorpresa, ella sabía responder. Nunca desconectaba, ni desconecta de nada. Solo a veces consigue evadirse durante largos minutos. Durante ese tiempo todo se para, su mente se pierde por sus historias y solo un fuerte grito o un golpe le devuelve a la realidad. Cuando eso sucede es que realmente algo inquieta a Sofía.
Odia ir en avión pero a la vez la tranquiliza. Es una de las contradicciones que forman parte de su vida. Sofía cree en las contradicciones; es necesario no tener ciertas cosas claras. Recuerda que de pequeña le angustiaba volar, la noche anterior al viaje no conseguía dormir y tenía que resguardarse en sus padres, en el centro de aquella enorme cama. A sus veintidós años su miedo sigue presente pero ahora en el avión se siente lejos de todo, tranquila, a miles de metros del suelo, disfrutando del miedo que le provoca la sensación de poder caer el cualquier momento.
Además, adora mirar su isla desde arriba, como si no formara parte de ella. Si tuviera que elegir un lugar, sin duda sería Mallorca. El mar forma parte de su vida, rebozarse de arena o bucear son algunos de sus grandes placeres. Debajo del agua se siente fresca y sola, soledad que en ciertas ocasiones Sofía anhela.
Durante su vida cuotidiana va llenando su bolso de “tonterias”. Acostumbra a completar álbumes con todo aquello que vive. De sus viajes vuelve llena de tickets, cuentas de restaurantes, piedras, billetes… recolecta cualquier cosa que le resulta interesante e inolvidable. Abrir el álbum y recorrer sus páginas le proporciona una felicidad indescriptible. Por ello, no parará nunca de hacerlo.
Me gusta autollamarme Sofía por el libro de Jostein Gaarder “El mundo de Sofía”, un libro con el que tropecé en una estantería de casa hace algunos años, lo leí y despertó algo en mí. Desde entonces intento vivir como Sofía, cultivando mi curiosidad.
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| El Mundo de Sofía |
UAB 2011